4 mil 500 indígenas tomaron siete cabeceras en 1994

El capitán dijo que cada regimiento constaba de tres batallones, cada uno con 400 combatientes, incluyendo sus oficiales. Cortesía
El capitán dijo que cada regimiento constaba de tres batallones, cada uno con 400 combatientes, incluyendo sus oficiales. Cortesía

En la toma de siete cabeceras municipales de Chiapas los primeros minutos de enero de 1994, participaron cuatro mil 500 indígenas de raíz maya, reveló el capitán Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

“Entre los papeles y archivos que heredé del difunto subGaleano, heredados a su vez del finado, encontré las plantillas de las unidades que salieron a combatir: Tres regimientos, parte de la llamada entonces vigésima 21 división de infantería zapatista. Cada regimiento constaba de tres batallones, cada uno con 400 combatientes, incluyendo sus oficiales, más servicios de sanidad, materiales de guerra, comunicación y zapadores”, añadió.

En un texto leído la noche de este miércoles, durante el segundo día de actividades del llamado Semillero Las artes bajo acoso (danza, cine y teatro) que se realiza en San Cristóbal, señaló que “en esas plantillas están los nombres de cada uno de los combatientes, su nombre real y de lucha, el pueblo, región y zona de la que era originario y una columna fúnebre, a quien se debía avisar en caso de muerte, desaparición, prisión o deserción”.

Agregó: “Si el finado no mintió y no veo por qué debía hacerlo si se trataba de un documento propio de él, venían también detalladas ahí las acciones, los objetivos, las líneas logísticas y las rutas de avance de cada unidad, así como la secuencia de las acciones iniciales. Ahí se señalaba la existencia también de cuatro batallones más de reserva”.

El capitán dijo que “el subMarcos me confió luego que fueron más porque muchos se salieron de sus comunidades para acompañar y ver qué pasaba. Pero quedémonos solo con los cuatro mil 500. Calculen ustedes cuántas personas más, familiares de esos combatientes, estaban implicadas”.

Sostuvo que “a pesar de las evidencias fotográficas y los partes militares del Ejército federal que confirmaban la presencia de miles de combatientes, la prensa, aquejada del olvido que provocan los años de bonanza, habló 30 años después de esa madrugada de unos cientos de combatientes. Y otros especialistas en todo y sabedores de nada ni siquiera hacen eso. El inefable Nexos sostenía que los zapatistas no eran más de 300 y se desesperaba porque el Ejército federal no nos liquidaba”.

Marcos expresó que “la referencia a esa anécdota folklórica, según dijo un intelectual desplazado, viene al caso o cosa, según, porque la pregunta no es cómo fue posible eso, el alzamiento y una conspiración de cientos de miles. La mirada racista podría ser una razón. Me refiero con eso a que, como eran indígenas, no había que preocuparse de ellos”.

Continuó: “La pregunta es qué no podrán hacer quienes hicieron eso. Los que hicieron el primero de enero de 1994. Qué no podrán hacer. Y una respuesta entre muchas, la respuesta visible ahora, porque con los zapatistas las cosas se ven hasta que quieren que se vea, es una construcción anacrónica en medio de la selva Lacandona: El mentado quirófano que lleva por nombre “Compañeras y compañeros caídos y caídas del mundo”.

El corazón del común

Recordó que “no es la primera vez que los pueblos zapatistas levantan una instalación de salud en rincones de las montañas del sureste mexicano. Está, por ejemplo, la clínica La Guadalupana en el Caracol de Oventic; la Compañera Murcia en el de Jerusalén; la de La Realidad en el poblado San José en esa zona, pero ese quirófano (que está por terminar en la selva Lacandona) tiene la peculiaridad de haber sido concebido con la mirada, el pensamiento y el corazón del Común”.

Aseguró que en el quirófano “no solo trabajan junto a los zapatistas, poblados no zapatistas, partidistas de todos los colores y antizapatistas de ayer que reciben los apoyos de programas de contrainsurgencia de gobiernos de distintos colores”, sino que “discuten y acuerdan con los zapatistas los usos y necesidades que el quirófano deberá cumplir”.

Lo realmente sorprendente y que no me acabo de explicar, remarcó, “es por qué apoyan y participan pueblos originarios partidistas que tienen más cerca instalaciones de salud gubernamentales, con presupuestos más cuantiosos, supuestamente con especialidades y mucho personal mal pagado”.