Cambio climático, ¿es real en Chiapas?

La deforestación y el cambio de uso de suelo causan serios daños que abonan al cambio climático. Diego Pérez / CP
La deforestación y el cambio de uso de suelo causan serios daños que abonan al cambio climático. Diego Pérez / CP

En septiembre de 2024 se dieron lluvias e inundaciones en Tapachula, Socoltenango, Palenque, El Bosque, El Parral, entre otros municipios, con deslizamientos y daños en infraestructura vial. En octubre de 2025, se dio el colapso de puentes e inundaciones en la zona costa, dejando a varias comunidades incomunicadas.

Cada uno de estos eventos confirma que los fenómenos de inundación en Chiapas no son excepcionales, sino parte de un patrón creciente y acumulativo que exige respuestas sistemáticas de prevención, infraestructura y resiliencia. Son resultado de factores como la mala planeación urbana, la deforestación en zonas altas, cambios de uso de suelo y la sobrepoblación.  

Esto se suma a la variabilidad climática que se ha presentado en los últimos años y que se intensificará según varios reportes nacionales e internacionales, lo que preocupa a los meteorólogos y climatólogos porque no habrá certeza en los modelos que se construyan y que se busca sean más realistas.

Marcelino García Benítez, investigador por México asignado a la Universidad Autónoma de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), explicó que no se podrá saber cómo se comportará con certeza el clima según los modelos, lo que aumenta el peligro en diversas zonas. 

Registro histórico

La Secretaría de Protección Civil Estatal (PC), a través del programa especial para la temporada de lluvias y ciclones tropicales del año pasado, contempla en 94 páginas los eventos que más han afectado a Chiapas; uno de ellos es el Stan, ocurrido en 2005, y el impacto económico fue de 15 mil millones de pesos.

Entre el 2005 y el 2020 ocurrieron algunos eventos en Chiapas que provocaron la muerte de decenas de personas. Por cantidades, el de mayor impacto fue el Stan con 85 fallecimientos y otros 40 ocurridos por deslizamiento de laderas y lluvias. 

En el documento, Protección Civil de Chiapas recuerda a la población que del 2000 al 2021 se han contabilizado un millón 781 mil 746 personas afectadas por diversos eventos, con más de 109 mil casas impactadas.

En impacto, el huracán Stan alcanzó a 91 municipios y más de medio millón de personas, mientras que en el 2010 “Matthew” afectó en 95 municipios, pero solo a 13 mil 905 personas.

Entre 1998 y 2024, al menos 18 fenómenos hidrometeorológicos han tenido un impacto significativo en Chiapas, desde desbordamiento de 17 ríos hasta inundaciones, desbordamientos y lluvias torrenciales.

Temporada de lluvias

Tuxtla Gutiérrez, la capital chiapaneca, es un termómetro del desorden urbano por la suma de esos factores; Daniel Pineda Vera, del colectivo Helio Master, sostiene que la ciudad ha replicado modelos de desarrollo ajenos, se invadió laderas, embovedó ríos y trató la naturaleza como un estorbo. 

El resultado es que, cuando llueve, el río Sabinal casi se desborda porque sus 33 microcuencas han sido modificadas por asentamientos irregulares.

El agua ya no se absorbe y colapsa la parte baja de la ciudad. Como solución, Pineda Vera propone concreto permeable y sistemas de captación de lluvia en colonias, medidas que además ayudarían contra el desabasto de agua. 

Participación de especialistas 

El ingeniero Romeo Palacios Suárez, presidente nacional de la Asociación Nacional de Profesionales en Resiliencia, expuso que, ante el impacto severo de las lluvias en la capital chiapaneca año con año, han presentado un sistema de manejo integral y control del agua pluvial.

Destacó que el concepto de “impacto pluvial” ya existe en el reglamento de construcción de Tuxtla Gutiérrez, una estrategia de vanguardia que pocas ciudades poseen.

“Cuando urbanizamos, talamos o modificamos las condiciones naturales del terreno, surge el concepto de impacto pluvial para evaluar qué provoca la urbanización, el desmonte y la tala sobre los escurrimientos superficiales”, explicó.

Destrucción en Tuxtla

Mientras tanto, en una zona vulnerable de la capital, una “isla verde” que funcionaba como esponja pluvial está siendo arrasada con maquinaria pesada.

El activista Luis Ley denunció que el terreno ubicado sobre la calle Central y 16.ª Norte, reconocido por vecinos como área de retención hídrica, proveía oxígeno, sombra y refugio de fauna.

Su eliminación, aseguró Ley, provocó la muerte de decenas de árboles. La pavimentación de calles y la construcción de una ferretería y una tienda de autoservicio ya habían agravado los escurrimientos, al grado de arrastrar vehículos.

Punto más crítico

Daniel Alejandro Gutiérrez Velasco, ingeniero civil, egresado de la maestría en Gestión de Riesgos y Cambio Climático en la Unicach, presentó en 2024 una investigación para su tesis titulada Evaluación de la vulnerabilidad por inundaciones en el arroyo 24 de Junio, el cual desemboca en la calle Ricardo Flores Magón, detrás de la Fiscalía General del Estado (FGE), e intersecta con el paso desnivel del libramiento Norte.

Cada año, en lluvias fuertes, se presentan inundaciones en la zona, arrastrando carros e incluso personas, además de material sedimentario, generando un costo social y económico alto para los habitantes y las autoridades.

El arroyo 24 de Junio se origina en la parte norte, pasa el cañón por la colonia Las Águilas y debió continuar sobre un cauce natural, pero el proyecto de ese fraccionamiento hizo que se volviera un arroyo urbano, porque ahora el agua fluye sobre la vialidad.

San Cristóbal, por el mismo camino

Durante los últimos años, ciudadanos han señalado la necesidad de reforzar el túnel que ayuda a que San Cristóbal no sufra de tantas inundaciones. Esta infraestructura se construyó en 1973 con apoyo federal, después de que la ciudad se viera bajo el agua a causa de una fuerte lluvia. 

Sin embargo, esta misma construcción provocó que distintas zonas de la ciudad se secaran, acelerando su urbanización, así lo señaló Sergio Cortina, biólogo y académico de El Colegio de Frontera Sur (Ecosur). 

La bióloga Lorena Ruiz-Montoya, de la misma institución, ha sostenido que el cambio de uso de suelo es la principal razón para que desaparezcan los humedales, recordando que en la zona había dos mil 500 hectáreas de humedales; sin embargo, tras asentarse la ciudad, en 2014 solo se contabilizaban 408 hectáreas.

Las fuertes inundaciones que han sufrido los sancristobalenses durante el último año, y que han provocado una organización ciudadana importante, no solo se dan por la pérdida de humedales, sino también por un problema cada vez más evidente: los bancos de arena. 

Estos bancos, aunados a que el 70 % de San Cristóbal se encuentra pavimentado, provocan una “impermeabilización” de la ciudad, evitando la filtración del agua, así lo señala el ingeniero Jesús Carmona, académico y exdirector del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado Municipal (Sapam).

Uno de los recursos más importantes dentro de la naturaleza son los suelos, pero son a los que menos atención se les presta, mientras son destruidos por deforestación, los incendios y el cambio de uso. A nivel global presentan gran deterioro y erosión, lo que será difícil revertir porque para formar 10 centímetros de suelo deben pasar cientos y a veces, hasta miles de años.

La investigadora de la Unicach, Silvia Ramos Hernández, advirtió que en Chiapas, el 5.8 % de las emisiones de gases de efecto invernadero no sale de fábricas, sino de actividades como la agricultura y la ganadería extensiva que se realizan directamente con impacto a los suelos. 

Los suelos han tomado gran importancia en el tema de cambio climático, porque son el reservorio más importante de carbono, más que los bosques, por lo que al erosionarse ese recurso se pierde. 

Afectados por incendios 

El ingeniero Romeo Palacios Suárez alertó que urge actuar también contra los incendios, y explicó la llamada condición “30-30-30”: temperaturas superiores a 30 °C, vientos mayores a 30 km/h y humedad relativa menor al 30 %.

Su propuesta consiste en controlar la humedad relativa creando pequeños nichos en la parte alta de las cuencas, mediante estructuras grises, verdes o azules que retengan agua tras cada lluvia.