Entre acordes de marimba, aromas de cochito con arroz y el característico sabor del pozol, el mercado público 5 de Mayo conmemoró su 51 aniversario, reafirmándose como un símbolo de identidad, tradición y sustento para más de 350 locatarios y locatarias en la capital chiapaneca.
La jornada estuvo marcada por un ambiente festivo que reunió a comerciantes, clientes y familias, quienes disfrutaron de platillos tradicionales, aguas frescas, juegos inflables y diversas actividades culturales que resaltaron el arraigo comunitario de este mercado, considerado un punto de referencia comercial y social en Tuxtla Gutiérrez.
Historia
Fundado el 5 de mayo de 1975, este centro de abasto alberga actualmente a más de 350 locatarios y locatarias, recibiendo a alrededor de 10 mil visitantes diarios.
Sin embargo, su historia se remonta a una etapa previa, cuando el comercio se realizaba en forma de tianguis o mercado sobre ruedas.
De tianguis a mercado consolidado
Antes de contar con una estructura fija, las y los comerciantes se instalaban de manera provisional.
Con el paso del tiempo y ante la necesidad de un espacio formal, las autoridades destinaron un terreno para la construcción del mercado, lo que implicó una reubicación temporal mientras se levantaba el inmueble actual.
Voces
Rosario Morales Gutiérrez, locataria y fundadora, con más de cinco décadas de trayectoria, recordó que los primeros comerciantes eran apenas una decena, en su mayoría provenientes de Puebla.
Con el paso del tiempo, el número creció y comenzaron a adquirir derechos para vender en el espacio, cuando aún no existía la estructura actual.
Explicó que el terreno fue adaptándose conforme aumentaba la demanda, extendiéndose hasta zonas cercanas a la iglesia del Carmen.
Más adelante, con la intervención de autoridades y la promesa de un proyecto formal, se concretó la construcción del mercado que hoy sigue en funcionamiento.
“Es más que mi trabajo, es el sustento de mi familia. Gracias a que vendo ropa, logré sacar adelante a mis hijos”, señaló.
A pesar del paso del tiempo, aseguró que el mercado sigue siendo parte fundamental de su vida.
Destacó que los productos que se ofrecen son frescos y de calidad, y subrayó la importancia de apoyar a los pequeños comerciantes que dependen de forma directa de las ventas diarias.
Por su parte, Flor de María Castellanos Vázquez, locataria del puesto “Pozolería Angelita” e hija de una de las fundadoras, compartió que su familia forma parte de la historia viva del mercado.
Explicó que su madre comenzó vendiendo en el antiguo mercado sobre ruedas y posteriormente se trasladó al nuevo edificio una vez concluido.
Destacó que han pasado casi cuatro décadas desde que ella tomó el relevo, encontrando en este espacio no solo un sustento, sino también una comunidad.
Una de las mayores satisfacciones, dijo, es seguir atendiendo a clientes que ya compraban con su madre, lo que refleja la continuidad de las tradiciones.
“Es importante cuidar las tradiciones como tomar un rico pozol, ya que es emblemático de la región y no se deben perder estos hábitos”, expresó.
Legado de generación en generación
César Morales, comerciante del área de pescados y mariscos, relató que su madre también fue fundadora y que él ha continuado con el negocio familiar durante más de 30 años.
Para él, trabajar en el mercado ha significado una forma digna de vida que le permitió sacar adelante a su familia.
“Gracias a esto mis hijos son profesionistas, hicieron su licenciatura; de aquí sale para sostener a la familia y tener un techo donde dormir”, afirmó.
No obstante, también reconoció que el mercado ha enfrentado desafíos, como la disminución de ventas derivada de cambios en la movilidad urbana y la reubicación de rutas de transporte, lo que ha reducido el flujo de clientes en la zona.












