Mike Maese, artista multidisciplinario originario del norte de México, enfatiza que desde el inicio de los tiempos ha existido un impulso humano por dejar huella. Menciona, por ejemplo, las manos encontradas en cavernas, y que investigaciones recientes muestran que, en su mayoría, fueron hechas por mujeres e infancias.
Esto lo menciona en referencia a cómo el grafiti puede ser una herramienta para apropiarse de los territorios y una forma de comunicarse con la comunidad. Por ejemplo, durante la Gran Depresión, surgió el Hobo Signs, que consistía en símbolos que solo la comunidad sin hogar podía entender.
“Un gatito pintado en la pared significaba que ahí vivía una señora buena onda que daba comida”, explica Mike Maese en su ponencia “Expresiones urbanas, el vándalo y el artista”, impartida en el marco del Humani Fest organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Para el artista, quien actualmente vive en San Cristóbal, México tiene una tradición de pintar en las paredes, expresado en el Muralismo que se vivió a principios del siglo XX con exponentes como Diego Rivera o Clemente Orozco.
Comunidad grafitera y sus reglas
Mike Maese recalca que dentro de la comunidad grafitera hay un sentido de autocuidado. “Si hay una situación de peligro se va a ayudar, son prácticas que ocurren en los clubs”, explica, e invita a cuestionar de dónde vienen las narrativas que ligan a estos grupos con drogas y crimen organizado.
Expone una serie de reglas que, si bien no se siguen a rajatabla, son una guía sobre los lugares válidos y no válidos para expresarse. Por ejemplo, una casa del centro, con posibilidades para volver a repintar las paredes, sí es un lugar válido, contrario a una casa en la periferia de la ciudad.
Las iglesias, los carros particulares, los panteones y las escuelas tampoco son lugares válidos, a menos, indica Mike, que ahí hayan sucedido ciertos eventos que marcaron a la comunidad.
Mike Maese señala que también hay espacios legales, ilegales y libres. Ejemplo de estos últimos se encuentran en París, Francia, donde hay terrenos bajo consigna de una galería, misma que pone orden y reparte las paredes a los grafiteros a quienes también les otorga material.
Algo similar sucedió en Guadalajara. Mike Maese explica que en el 2019 se crearon espacios y se observó una disminución del 40 % del grafiti ilegal.
Grafiti para unir a la comunidad
El artista también recuerda con emoción lo que sucedió en Mixquiahuala, Hidalgo, lugar que fue escenario de una explosión por huachicol. Ahí la comunidad se organizó porque no querían que sus infancias y juventudes se fueran al huachicol.
“Invitaron a muchos artistas de diferentes nacionalidades al encuentro internacional de muralismo de Mixquiahuala”, menciona el ponente.
Lo mismo ha sucedido en Oaxaca, donde a través del grafiti empezaron a concientizar sobre los problemas de la biosfera que hay en su frontera con Puebla.
“Ahí un grupo se puso de acuerdo con una presidenta municipal para pintar casas y fachadas, y ahora la gente está supercontenta y hay lista de espera para ir a pintarlas. Incluso la presidencia ya no tiene nada que ver”, explica.
San Cristóbal y Bogotá, un triste contraste
Uno de los casos que más sacudió a la comunidad grafitera de San Cristóbal fue el relacionado a Víctor Martín Penagos Estrada, “el Burla”, un joven de 16 años quien el 27 de mayo de 2009 fue asesinado por Nicolás Gómez Sántiz, velador de un hotel.
Según relata Mike Maese, Martín Penagos recibió dos impactos de bala, uno en el pecho y el otro en el cuello mientras realizaba una pieza de grafiti. El caso fue registrado en el libro “La identidad estigmatizada”, donde se hace un recuento de la criminalización de la comunidad grafitera hecha por el expresidente Mariano Díaz Ochoa.
Un caso similar se dio en Bogotá, Colombia. Diego Felipe Becerra, joven de 16 años, fue asesinado el 19 de agosto de 2011 por un patrullero. Mike Maese detalla que en ese país está permitido pintar.
En el 2023, bajo el gobierno de Gustavo Petro, el gobierno colombiano crea un perdón público por parte del Estado hacia la familia del joven Diego y se toman acciones. “Y eso te habla de un contraste de qué hacen en otros países y el grado de violencia que se llega a vivir acá en el país” agrega Maese.
Desproporcionalidad punitiva
En ese sentido, el oriundo de Chihuahua, expone la desproporcionalidad punitiva que hay en Chiapas, pues según el artículo 114 de la sección 7 del Código penal, a quien realice una pinta sin permiso se le puede imponer una pena de tres a 10 años de prisión.
Cultura libre
Ante este panorama, Mike Maese rescata el concepto de “cultura libre” desarrollado por el académico estadounidense Lawrence Lessig, el cual, acota, “no implica que todos estemos en un libertinaje, sino que pone las bases para crear y acceder a obras culturales”.
Esto, señala, para superar la cultura del permiso en la que vivimos, donde la circulación de la obra “debe pasar por un espacio de control, por ejemplo, para pintar en el actual Skate Park de San Cristóbal (a un lado del Sedem) ahora hay que pedir permiso porque si no, hay persecución” agrega Maese, quien también invita a ayudar a los artistas locales y a observar el diálogo artístico que se en las paredes de la ciudad.












