Para Martha Lucía “Malú” Mícher Camarena, una de las principales impulsoras de las reformas en favor de los derechos de las mujeres en México, la Medalla Rosario Castellanos que le otorgará el Congreso del Estado de Chiapas no representa un triunfo individual, sino el reconocimiento a un movimiento que durante décadas insistió en poner sobre la mesa una realidad que el país prefería ignorar.
La presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado, con más de tres décadas dedicada a la defensa de los derechos de mujeres y niñas, aseguró que cada avance legislativo ha sido producto de un esfuerzo colectivo entre académicas, activistas, organizaciones civiles y mujeres que se negaron a abandonar la lucha.
“Me siento muy honrada y muy contenta. Este reconocimiento no lo recibo solamente yo; reconoce un trabajo colectivo de muchos años. Lo que hemos logrado ha sido en reuniones, en desvelos, a codazos, a sentenciazos, insistiendo todo el tiempo”, expresó.
Con una sonrisa, resumió la esencia de ese camino con una frase que ha hecho propia: “No somos las feministas; somos las insistenciacialistas”.
La desigualdad como punto de partida
Mícher recuerda que su compromiso nació mucho antes de ocupar cargos públicos.
Dice que desde niña quedó marcada por la pobreza que observó en comunidades de Hidalgo, donde convivía con menores de su misma edad que no asistían a la escuela, sufrían desnutrición y asumían responsabilidades de personas adultas.
“Desde que me acuerdo, me perturbaba profundamente la desigualdad. Veía niñas de mi edad que medían mucho menos porque estaban mal alimentadas, que cargaban a sus hermanos y no iban a la escuela. Ahí entendí que algo estaba profundamente mal”.
Ese descubrimiento también la enfrentó a otra realidad: la violencia contra las mujeres.
“Descubrí que a las mujeres se les golpeaba en las comunidades y también en las ciudades. Ahí nació mi conciencia y decidí que esa sería mi causa”.
Los avances... y la deuda pendiente
Aunque reconoce que México ha transformado su manera de entender las violencias de género, sostiene que el camino está lejos de concluir.
Recuerda que hace apenas unas décadas la violencia familiar era considerada un asunto privado y el Estado evitaba intervenir.
“Hoy hablamos de feminicidio, de violencia política, laboral, digital, escolar. Cambió la narrativa porque logramos que la sociedad mirara la desigualdad desde otra perspectiva”.
Sin embargo, advierte que las leyes por sí solas no bastan.
“Nos faltan instituciones que funcionen, autoridades especializadas, gobiernos con perspectiva de género y, sobre todo, educación”.
La desigualdad sigue teniendo rostro de mujer
Durante la conversación, la legisladora rechazó que la desigualdad de género pueda reducirse a una diferencia entre el norte y el sur del país.
Aunque reconoció las profundas carencias que enfrentan muchas comunidades indígenas, insistió en que la discriminación hacia las mujeres atraviesa todo el territorio nacional.
“No es un problema del norte o del sur. Las mujeres seguimos ganando menos por hacer el mismo trabajo; seguimos siendo educadas para callar y obedecer”.
Añadió que la transformación también pasa por modificar la educación de los hombres.
“Tenemos que reeducar a los hombres para que se relacionen con nosotras de otra manera. Si no, se van a quedar solos”.
Sin aspiraciones rumbo al 2030
La conversación también derivó hacia el futuro político de la senadora.
Ante la posibilidad de buscar una gubernatura o incluso aspirar a la Presidencia de la República, Mícher respondió entre bromas.
“¿Usted me quiere o me odia?”, respondió entre risas.
Después dejó clara su postura.
“No he levantado la mano para el 2030 y tampoco lo voy a hacer. Mi tarea es seguir construyendo una patria feminista desde el Senado”.
Aseguró que su prioridad inmediata será fortalecer a Morena rumbo a los procesos electorales de 2027 y respaldar la agenda de la presidenta Claudia Sheinbaum, particularmente en temas relacionados con la igualdad sustantiva, la soberanía nacional y los derechos de las mujeres. Esa agenda da continuidad a una trayectoria legislativa enfocada en reformas sobre paridad, violencia de género y protección de los derechos de las mujeres.
Para Malú Mícher, recibir la Medalla Rosario Castellanos no representa el cierre de una carrera política, sino una nueva responsabilidad.
“Mi contribución seguirá siendo siempre eliminar la desigualdad. Ahí estoy, ahí voy y ahí me quedo”.












