La celebración en honor a San Roque reunió este 15 de agosto a familias y visitantes en el tradicional barrio de Tuxtla Gutiérrez, donde la presentación del 20 aniversario de la jícara de pozol más grande del mundo, puso de nueva cuenta en el centro una de las bebidas más representativas de la cultura zoque, acompañada de expresiones religiosas y culturales que mantienen viva la identidad del barrio.
La actividad representó un intento por recuperar una tradición que durante años distinguió a este barrio y que convirtió al pozol en uno de los principales símbolos de convivencia durante su fiesta patronal.
La actividad fue impulsada por el Comité de Participación Ciudadana del Barrio de San Roque, encabezado por Isaías Ballinas Barrios, junto con el tesorero Jorge Cruz y los vocales Dulce María, Candelaria, María Sánchez, Sonia Luna, Lupita Penagos, María Luisa Reyes, Sergio y la doctora Mirella.
El objetivo, señalaron los organizadores, fue que vecinos y visitantes fueran parte de esta celebración y que la jícara sirviera como un punto de encuentro para reconocer una bebida de origen prehispánico que continúa presente en las cocinas, mercados y celebraciones de Chiapas.
Una tradición que vuelve a las calles
La elaboración de la jícara de pozol tiene antecedentes importantes en la historia reciente del barrio.
La actividad se convirtió durante años en uno de los principales atractivos de la Feria de San Roque y en un símbolo de la identidad comunitaria.
En los últimos años la tradición había perdido presencia, aunque las familias del barrio continuaron compartiendo pozol con quienes acudían a la celebración.
En 2025, más de 30 familias participaron en la preparación y distribución gratuita de la bebida durante las festividades patronales.
Para esta edición, los organizadores retomaron la jícara monumental con la intención de reivindicar una costumbre que consideran parte del patrimonio vivo de San Roque.
El sabor de una bebida ancestral
Para preparar el pozol, explicaron los organizadores, primero se dora el cacao y se retira su cáscara.
Posteriormente se muele junto con la canela, mientras que el maíz se procesa por separado procurando que la masa no quede demasiado fina.
Después se integra la pasta de cacao con la masa de maíz y se bate con agua hasta obtener la bebida. Finalmente se endulza al gusto y se recomienda moverla antes de servirla para mantener sus ingredientes integrados.
El pozol tiene profundas raíces en las culturas indígenas de Chiapas y forma parte de la alimentación y de las prácticas de convivencia de los pueblos de la región. En las celebraciones zoques, además, esta bebida ocupa un lugar especial como elemento de hospitalidad y encuentro comunitario.
Fe, danza y tradición zoque
La celebración patronal reunió elementos de la tradición católica con expresiones de la cultura zoque, convirtiendo al antiguo barrio en uno de los principales escenarios de las tradiciones populares de Tuxtla Gutiérrez.
Entre las actividades que forman parte de este ciclo festivo se encuentra la Danza del Padre Roque, Hata Roque-etzé, cuya jornada principal corresponde al 16 de agosto.
La danza está acompañada por siete sones interpretados con tambor y flauta de carrizo, mientras que la vestimenta de los participantes conserva elementos de influencia colonial.












