El sol abrasador invade las calles de Tuxtla y siento sus húmedos 36 grados centígrados en el sudor de mi rostro. El asfalto y el aire caliente simulan al infierno; el verano llegó a la capital de Chiapas.
Me dirijo al sur oriente de la ciudad, específicamente al restaurante Yang, que ofrece “un poco de Venezuela en tu paladar”, o eso anuncia su menú.
El local tiene aire acondicionado, mesas pequeñas, una barra y comensales con acentos conocidos y extraños a la vez.
En la cocina el calor se vuelve más intenso; venezolanos, cubanos y mexicanos construyen un ecosistema culinario digno de una ciudad fronteriza. Ender ya me espera; tenemos una entrevista pendiente.
“Viajamos siete países para estar aquí”
Ender Rivas José Briseño es un migrante de 43 años que partió de Venezuela en búsqueda del “sueño americano”, el cual se ha diluido con el paso del tiempo y por los incontables retos que ha implicado llegar a México. Trump solo es la cereza del pastel.
Tuxtla Gutiérrez se ha vuelto su refugio. Viste un mandil de cocina, el sudor invade su frente y un ventilador nos interrumpe intermitentemente para mitigar el calor.
Recuerda que al llegar a Tapachula se enfrentó a la xenofobia, desde el trato personal hasta en la búsqueda de empleo. Afirma que existía una preferencia por los cubanos, pero además de no ser elegidos también son descalificados. “Nos decían que éramos ladrones, que éramos groseros”, relata.
Al llegar a Tuxtla encontró el restaurante Yang y su situación mejoró un poco. Ender vendía empanadas en las calles desde los 12 años; ha sumado 23 años trabajando como cocinero. El restaurante de comida venezolana fue un oasis en medio de su viaje como migrante.
Ha renunciado al “sueño americano”. Los migrantes que regresan del gabacho repiten lo mismo: Estados Unidos ya no es una opción y el norte del país se ha vuelto muy violento. Chiapas ya no es un lugar de tránsito; se ha convertido en el nuevo hogar.
¿Cómo está la situación en el norte?
Ramón espera a su esposa afuera de las oficinas del Instituto Nacional de Migración (INM) en la capital. Acuden cada lunes “a firmar”; hay que comprobar que no se han ido.
El hombre de alrededor de 40 años, me pide no grabar su rostro pero me comparte su experiencia: su esposa y él llevan un año y medio esperando conseguir su residencia.
Con molestia, afirma que cuando por fin consiguió su CURP detectó que se encontraba vencida y tendría que comenzar de nuevo.
No tener el documento en regla significa que no pueden abrir cuentas de banco, conseguir trabajos formales o adscribirse al programa de trabajadores independientes del IMSS, quedando en el limbo laboral.
La pareja arribó a Chiapas en una caravana y señala que la economía en México no es tan mala, pues una remesa de 100 dólares puede significar una despensa completa, mientras que en Venezuela es el costo de un pollo asado: “Hemos atravesado varios países, aquí no está tan mal”.
Me pregunta: “¿Cómo está la situación en el norte?”. No puedo mentirle: no es una opción completamente viable. Solo asiente.
“Conocemos compañeros que se fueron al norte o al centro y ya se regresaron; en Chiapas la vida es más tranquila”, dice.
Los datos de la frontera
“Tapachula es una ciudad cárcel”, sentencia Luis García Villagrán, coordinador del Centro de Identificación Humana A.C. y activista pro migrante en la Perla del Soconusco.
Los números de sus investigaciones son alarmantes: Tapachula es hogar de hasta 70 mil migrantes, mientras que Tuxtla Gutiérrez suma entre 15 y 18 mil.
De estas cifras, al menos ocho mil son solicitantes de asilo, mientras que otras dos mil están a la espera de un correo que les brindará el reconocimiento oficial como solicitantes de asilo.
¿Qué dice el INM? Según información otorgada por Alejandro Arjona, subdirector de Información del INM de las Oficinas Centrales en CDMX, en el periodo de enero a agosto de 2026 se expidieron un total de mil 867 tarjetas para trabajadores fronterizos, 18 personas documentadas por visa de oferta de empleo y 10 permisos para trabajar.
Además de tres solicitudes pendientes correspondientes a visas por oferta de empleo.
Por otro lado, el Boletín mensual de estadísticas migratorias, realizado por la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas de la Secretaría de Gobernación, expone los siguientes registros de 2026:
Total de entradas a Chiapas: 718 mil 223.
Personas extranjeras documentadas con la Tarjeta de Residente Temporal: 196.
Personas extranjeras documentadas con la Tarjeta de Residente Permanente: 4 mil 734.
En el caso de los datos del Centro Nacional de Monitoreo de Movilidad y Migración Internacional, se exponen los siguientes datos de 2026:
Total de entradas a Chiapas: 718 mil 223.
Personas extranjeras documentadas con la Tarjeta de Residente Temporal: 286.
Personas extranjeras documentadas con la Tarjeta de Residente Permanente: 6 mil 284.
Incluso las cifras del CBP (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos) y el DHS (Departamento de Seguridad Nacional) estadounidense, suman hasta 60 mil migrantes varados en territorio chiapaneco a la espera de una definición migratoria.
Siendo Chiapas el estado que concentró casi la mitad de las devoluciones migratorias registradas a nivel nacional, durante el primer trimestre de 2026.
La infinita espera
La Ley de Migración tiene establecido que el tiempo de espera para la regularización de un migrante tiene un límite de 45 días y puede extenderse hasta en 90 días si existe un volumen extraordinario de solicitudes. Posteriormente, al ingresar la solicitud, tienen que acudir cada 10 días a firmar. Sin embargo, hay migrantes que juntan hasta las 52 firmas, que se traducen a un año y medio de espera.
Villagrán critica el hecho de que existan solo siete entrevistadores oficiales para atender las más de ocho mil solicitudes pendientes, más las que se van sumando.
Erlin Alexander Aguilar es originario de la sierra de Honduras, viajó solo y pasó hasta seis días caminando; entre aventones y ayuda gubernamental logró llegar a México un mes después de su partida.
Lleva seis meses en Chiapas pero es optimista. Se presenta cada 10 días a firmar; su intención es conseguir la residencia o la CURP para poder trabajar formalmente. Ha decidido establecerse en Chiapas: dice que lo han tratado bien, que la gente es hospitalaria.
Debido a la falta de documentos ha tenido que trabajar informalmente. En su país de origen se dedicaba a la pintura, oficio que le ha valido algunos trabajos en la capital chiapaneca, además de trabajar en la construcción.
Erlin perdió a sus padres desde su infancia, por lo que solo pudo estudiar hasta el segundo grado de primaria. A partir de ahí se dedicó a trabajar; encontró en la pintura una forma de vivir dignamente.
Dinero, la llave para la regularización
Para Villagrán y algunos migrantes, la política migratoria de Donald Trump es selectiva: aquellos que poseen el recurso y las condiciones sociales útiles para el país norteamericano pueden acceder a EE. UU.
Mientras que las personas con pocos recursos económicos, educativos o con un color de piel diferente no logran acceder.
-¿Cómo se logra el refugio en la Comar?.
-Con dinero. ¿Quieres refugio? Tienes que tener dinero.
El activista afirma que el proceso te puede costar entre cinco, ocho y hasta 15 mil pesos, según la nacionalidad.
También agregó que en Chiapas existen dos grupos de abogados que tienen nexos con altos funcionarios de la Comar, permitiendo acuerdos de hasta 80 mil pesos.
Los datos de Villagrán identifican a alrededor de dos mil abogados que se encuentran tramitando procesos de migración, creando una “cultura del negocio” alrededor de las necesidades de los migrantes.
Campaña de odio, negocio de los cárteles
Los migrantes ya están aquí y el nuevo reto de nuestro país se centra en la regularización y establecimiento de esta población.
Sin embargo, la informalidad ha abierto una puerta para los grupos delincuenciales que ofrecen a los migrantes: trabajo, dinero y reconocimiento.
Ya sea como posibles sicarios, mano de obra o mulas (traficantes), los cárteles han abusado y a la vez provisto de recursos a esta comunidad vulnerable,
La reacción mediática no se hizo esperar: a la par del establecimiento de poblaciones migrantes, se inició una campaña de odio contra estas.
En los últimos meses destacaron los casos como el de un cubano agredido en Cancún y el de unos presuntos repartidores en Tuxtla Gutiérrez que habrían violentado a unas personas de la capital.
En comentarios de redes sociales, los chiapanecos expusieron su xenofobia; no se midieron en señalar a la población migrante de ser provocadora de la violencia.
Mientras tanto, en la oscuridad existe otro mercado que expone la hipocresía de la población, el del sexoservicio, donde hombres y mujeres ofrecen sus servicios a través de redes sociales y en las calles de las ciudades.
El mismo pueblo que los insulta y descalifica busca aprovecharse de ellos desde la discreción y el anonimato de las redes sociales.
Mi infancia fue la mejor
“Llegué por mi propia cuenta, salí de Colombia; atravesé la selva del Darién. Atravesé Panamá en carretera, atravesé Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y llegué hasta aquí”, relata Ender, mientras trata de recordar sus pasos en Centroamérica.
Sobre los señalamientos de discriminación, afirma que es igual en todos lados: “hay personas buenas y malas”. También reconoce que la razón por la que hay migrantes con malas intenciones que logran regularizarse rápido, es debido a que tienen mayor poder adquisitivo.
“No hay que venir a echar vainas, no venir a estar robando a la gente, asesinándola, porque eso nos perjudica a nosotros que somos los que estamos trabajando. Porque por uno pagamos todos”.
-¿Dejaste familia allá?
-Sí, y me duele mucho.
-¿Esposa, hijos?
-Tengo a mi mujer en Colombia, tiene cinco años allá. Nosotros tenemos nueve años juntos. Tengo un hijo de 22 años que está en Bucaramanga (Colombia). Tengo una hija de nueve años que está en Barquisimeto, Venezuela. Y eso me ha dolido porque yo tengo más de 12 años en la calle. 12 años que me alejé de mi familia, que no veo a mis hermanos. 12 años ausente de mi familia.
-¿Algún recuerdo que atesores?
-Cuando Venezuela era libre, mi infancia fue la mejor; Venezuela era muy linda. Todavía sigue siendo un país muy bonito. Pero lastimosamente hay un gobierno que destruyó ese país. Y ha destruido muchos hogares, muchas familias.
En sexto grado de primaria tuvo que dejar la escuela y la cocina se volvió su hogar. En un buen día puede cocinar “pabellón”, carne guisada o un pollo. Mientras que su comida favorita es la pasta con caraota, carne molida y queso, además de un rico jugo de parchita (maracuyá).
Sueña con regresar a Venezuela, con tener sus papeles en regla en México y poder volver a tener a su familia cerca. Mientras tanto vuelve a la cocina, los comensales están esperando.












