Pese a que las piezas elaboradas en telar de cintura son cada vez más apreciadas dentro de la sociedad, esta técnica, en muchas ocasiones, se inculca a través de la violencia, así lo reveló María Pérez Díaz, integrante del hogar comunitario “Yach’il Antzetic”.
En entrevista, Pérez Díaz indicó que, al momento de trabajar con las artesanas, ellas le comentan que aprendieron el telar y el bordado no por gusto, sino porque fueron obligadas por padres y madres, quienes les exigían contribuir en sus hogares.
“Cuando aprendes a trabajar ya te felicitan, porque tu contribución es importante, pero en realidad no es lo que les gustaba y muchas comentan que no aprendieron por gusto, sino por obligación”, dijo Pérez Díaz.
Durante los procesos de enseñanza, varias artesanas sufren golpes en las manos “y esa es una gran violencia, porque ya no lo vas a hacer con gusto, ya no lo vas a hacer con amor”.
Dentro de los talleres que imparte el hogar comunitario “Yach’il Antzetic”, buscan sanar estas experiencias con el objetivo de que no se pierda esta práctica cultural que representa raíz e identidad para las comunidades.
“Pero que lo hagan con gusto y con amor, porque si lo hacen con amor lo van a enseñar con amor a sus hijos y desde ahí inicia el cambio”, explicó María Pérez.












