La violencia contra niñas, niños y adolescentes (NNA) es uno de los ejes centrales a trabajar en el actual sexenio, las estadísticas estatales muestran comportamientos mixtos; sin embargo, los delitos cometidos en el hogar y los abusos sexuales contra menores se mantienen al alza en dos regiones del estado.
De acuerdo a datos de la Fiscalía General del Estado (FGE), las regiones Altos e Istmo-Costa concentran los índices más altos de agresiones con connotación sexual en perjuicio de la población infantil.
Estos territorios, tradicionalmente marcados por la marginación y la dispersión poblacional, se han convertido en los puntos críticos donde el fenómeno crece a un ritmo que supera los promedios estatales.
Repunte constante
La propia titular del Voluntariado de la fiscalía, Guadalupe Gómez Casanova, admitió que, contrario a lo deseable, los registros oficiales no reflejan una baja, sino un repunte constante.
Ante esto, la institución ha redoblado su presencia en esas demarcaciones con un esquema de monitoreo que busca no abandonar a las víctimas una vez que el delito ha sido denunciado.
Los equipos del voluntariado trabajan con los menores agraviados en sesiones periódicas que buscan restaurar su entorno inmediato y dotarlos de herramientas para sobrellevar el trauma.
Red de apoyo
Para ello, han articulado una red de apoyos que incluye desde becas escolares hasta gestión de recursos alimentarios, la intención central es que las madres de familia y jefas de hogar reciban prioridad en estos programas, bajo el entendido de que su estabilidad es condición necesaria para la de sus hijos.
Personal capacitado del Voluntariado visita planteles de las zonas más vulnerables para impartir talleres prácticos sobre autocuidado, detección de señales de riesgo y canales de denuncia.
La estrategia busca involucrar a maestros, padres y alumnos en un mismo frente, aunque las cifras aún no reflejan un punto de inflexión.












