De acuerdo con un estudio de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), el 59 % del territorio mexicano presenta algún grado de desertificación, mientras que el 32 % enfrenta condiciones severas o extremas.
Este panorama muestra que la degradación de la tierra no es un problema aislado, sino una amenaza extendida para la productividad, la disponibilidad de agua y la estabilidad de los territorios rurales.
A nivel internacional, de acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), hasta el 40 % de las tierras del planeta presentan algún grado de degradación.
Esto afecta directamente a cerca de la mitad de la humanidad y compromete la capacidad de los sistemas agrícolas para producir alimentos, conservar la biodiversidad y regular los recursos hídricos.
Factores
De acuerdo con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt), la desertificación no es únicamente una cuestión ambiental, también es un desafío para la seguridad alimentaria, el desarrollo económico y la estabilidad de las comunidades rurales.
Durante décadas, investigadores han trabajado para comprender los procesos que degradan los suelos y desarrollar alternativas que permitan restaurarlos y protegerlos.
Avances
Hoy, ese conocimiento científico está ayudando a transformar la manera en que productores, técnicos y tomadores de decisiones enfrentan algunos de los retos más complejos de nuestro tiempo.
Desde el norte y centro de México hasta el sur-sureste y Centroamérica, el Cimmyt impulsa una red de clústers de agroinnovación que conecta territorios con desafíos compartidos relacionados con la salud del suelo, la disponibilidad de agua, la productividad agrícola y la adaptación al cambio climático.












