En México, la salchicha ocupa el primer lugar en el consumo de embutidos, superando al jamón y al chorizo. Sara Barreiro Sarmiento, nutrióloga de profesión, señaló que el consumo frecuente de este producto es lo que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades como hipertensión, triglicéridos o colesterol.
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) realizó un estudio de calidad, publicado en la Revista del Consumidor de mayo, de 37 productos diferentes que se venden como tal, para verificar sus aportes nutrimentales y el cumplimiento de la regulación que los rige, con el objetivo de que los consumidores puedan elegir con mayor conocimiento.
Al respecto, destacó que no se trata de satanizar este producto alimenticio o cualquier otro, ya que por sí solo ninguno es bueno o malo; en estos casos, lo que es dañino es el elevado consumo, al ser procesado y contener aditivos. No es prohibir o restringir, de hecho, en una dieta balanceada sí se recomienda una o dos veces a la semana.
Alto consumo de sodio
Uno de los elementos que revisó la Profeco fue el contenido de sodio, determinando su presencia por tratarse de un nutrimento crítico, verificó que coincidiera con el contenido declarado en la etiqueta debido a que los embutidos suelen presentar cantidades elevadas.
La especialista indicó que el consumo alto de sodio a través de estos y otros productos alimenticios ultraprocesados, sumado a otros aspectos como una vida sedentaria, favorece el desarrollo de enfermedades como la hipertensión arterial.
En el caso de los niños, el riesgo de una dieta poco balanceada, con un alto consumo de productos procesados, como los embutidos, aumenta el riesgo de desarrollar padecimientos crónico degenerativos a más corta edad o incluso daño renal o poca hidratación.
Desconocimiento de las etiquetas
La clave es saber elegir el que mejor convenga, aprender a leer o interpretar las etiquetas con los ingredientes o bien, los sellos de etiquetado que traen los empaques al frente, como exceso de calorías, azucares, grasas saturadas, grasas trans y de sodio.
En su experiencia profesional, dijo que prevalece un desconocimiento general sobre el etiquetado de los productos procesados. Los sellos de calidad que se implementaron hace algunos años fue una buena alternativa, pero no hubo una campaña de difusión sobre el significado de cada elemento.
“Muchos de los pacientes que recibo desconocen el propósito de los sellos, dicen que todo les asusta porque ahora los productos tienen sellos de advertencia y se preguntan qué comer, se trata de tener conocimientos básicos y saber elegir productos con menos sellos”.












