Pese a que en México viven más de 13 millones de mujeres en localidades rurales con menos de dos mil 500 habitantes, lo que representa el 21 % de la población femenina del país, este sector, que sostiene la producción de alimentos y el cuidado de los recursos naturales, continúa enfrentando retos de desigualdad y pobreza.
Así se expuso en el conversatorio “Investigar con mujeres rurales”, organizado por el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), en donde se detalló que este grupo trabaja cerca de 89 horas a la semana, 31 horas más que los hombres rurales, esto debido a la suma de trabajo agrícola, las labores del hogar y el cuidado familiar.
Avances
Durante el conversatorio, Araceli Calderón, doctora en Ecología y Desarrollo Sustentable, detalló que a inicios de este siglo tan solo el 10 % de las mujeres rurales eran titulares de los ejidos.
Actualmente esa cifra ronda el 25 %, lo que consideró un aumento notable que no se había dado desde la fundación de las leyes agrarias.
Caso similar se dio con las mujeres que forman parte de los órganos representativos de las comunidades, pasando de 0 a 8 %. “Estos son algunos ejemplos de que algunos cambios legislativos, en la cultura, en la dinámica han impulsado cambios favorables”, dijo la también bióloga por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Retos
Sin embargo, advirtió que entre los retos persistentes para las mujeres rurales se encuentran la fragmentación de la vida comunitaria y el incremento de la presencia en el empleo precario en la agroindustria.
En ese mismo sentido, Limbania Vázquez, educadora popular ambiental, indicó que los espacios ganados por las mujeres rurales también tienen “contradicciones y tensiones a las que hay prestar atención para no desdibujar lo que sucede cuando un cambio se da”.
“No se trata de que las personas vivan con lo mínimo indispensable, una vida digna no se reduce a la mera supervivencia, sino que implica condiciones materiales y culturales que permitan a cada mujer y niña vivir con respeto, autonomía y bienestar” mencionó.
Agregó que algunas mujeres rurales se han quedado solas ante la migración de sus compañeros, enfrentando una fuerte carga de cuidados extenuantes, “despertando a las tres y durmiendo a las diez de la noche para mantener a las parcelas”.
Academia
Ante esta realidad, Araceli reiteró la necesidad de incentivar la investigación académica hecha por mujeres que provengan de contextos rurales, quienes cada vez tienen más presencia en ese ámbito.
Dijo que este sector tiene la posibilidad de “investigar su propia realidad y cuestionarse desde su vivencia y analizar desde su pertenencia territorial y acceder a códigos que la gente de afuera no podemos”.












