Testigos visuales del alzamiento zapatista

El subcomandate Marcos montado en su caballo y con su distintiva pipa, en el caracol Oventic. Alexis Sánchez
El subcomandate Marcos montado en su caballo y con su distintiva pipa, en el caracol Oventic. Alexis Sánchez

En Chiapas, la fotografía periodística se consolidó en un periodo atravesado por hechos decisivos. Tal es el caso del primero de enero de 1994, el cual marcó un punto de quiebre con el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que colocó al estado en el centro de la atención mundial.

A partir de entonces, Tuxtla Gutiérrez fue eje importante para reporteros gráficos, muchos freelancer y otros vinculados al periódico Cuarto Poder, que documentaron el conflicto y sus consecuencias.

En ese contexto, personajes como René Araujo, Mario Castillo, Tomás Vázquez, Alexis Sánchez y muchos más formaron parte de una generación en la que todo era más lento, pues no existía el avance digital de los tiempos actuales.

Algunos coincidieron en coberturas complejas, en redacciones exigentes y en recorridos que los llevaron de la capital a comunidades marcadas por la tensión social.

El trabajo de cada uno, no se limitó a registrar enfrentamientos, sino que amplió la mirada hacia la vida cotidiana en medio del conflicto.

Otro hecho histórico que cubrió este medio, fue la matanza de Acteal, el 22 de diciembre de 1997, el cual evidenció la profundidad de la violencia en la región.

A partir de entonces, las coberturas se extendieron hacia otros procesos como desplazamientos en los Altos, reorganización comunitaria, presencia militar y movilizaciones sociales durante los años 2000.

Es importante destacar que el ejercicio del fotoperiodismo en esos tiempos, implicaba una exigencia técnica particular, y que tras largas jornadas, “los rollos eran revelados en cuartos improvisados como baños adaptados, bodegas o espacios reducidos donde, bajo luz roja y con procesos manuales, las imágenes tomaban forma”.

Ser freelancer en el estado significó trabajar sin certezas materiales, pero con responsabilidad documental. Estos fotógrafos construyeron un archivo visual que hoy permite revisar momentos de crisis y procesos sociales que siguieron al levantamiento.

Su trabajo permanece como un registro colectivo de una etapa fundamental en la historia reciente del estado, el cual aun podemos encontrar en los archivos en el Centro Cultural Jamie Sabines.

En este reportaje, se realizaron entrevistas con diversos fotógrafos, con el objetivo de profundizar en su trabajo documental durante el levantamiento del EZLN y otros acontecimientos en Chiapas.

Alexis Sánchez: el amanecer zapatista

“Nos dijeron que había algo allá”, recuerda el fotógrafo Alexis Sánchez, pero nadie imaginaba que fuera un ejército entrando al municipio de San Cristóbal de Las Casas.

Cuenta que había gente armada, pero la ciudad no parecía esconderse. “Al contrario, la gente caminaba con sus hijos, se tomaba fotos con los zapatistas. Era una mezcla de sorpresa y curiosidad”, narra.

El fotógrafo, entonces parte del periódico Cuarto Poder, llegó entre rumores y voces cruzadas. “Cuando preguntaban quién era el comandante, alguien decía que no, que estaba más adelante. Yo solo hacía fotos”, dice.

En este momento no pensaba en historia ni en portadas, solo en registrar lo que estaba pasando. “El regreso fue una carrera contra el tiempo. No había laboratorios, no había digitalización. Tuvimos que improvisar. En un cuarto pequeño, entre químicos y papel, revelamos rollos que terminaron impresos en tonos sepia, porque los negativos eran a color y el papel blanco y negro. Era lo único que teníamos”, asegura.

Alexis destaca que en ese momento la edición había salido y desaparecido en cuestión de minutos. “Los voceadores hacían fila pidiendo más periódicos. La máquina no dejaba de arrancar y para entonces, la noticia ya había cruzado fronteras. Agencias como Reuters y Associated Press buscaron aquellas imágenes nacidas del apuro y la intuición, y afortunadamente me compraron fotos y fue algo que nunca imaginé. Pero el verdadero cambio fue interno. Yo era un fotógrafo de todo: sociales, deportes, nota roja, hacía de todo.

Aprendí solo, con libros viejos. El contacto con corresponsales de guerras internacionales transformó mi mirada, y ahí entendí que la fotografía no es solo tomar imágenes; es contar la dignidad de la gente y el peso de un momento”, concluye mientras muestra algunas imágenes que le dieron la vuelta al mundo.

René Araujo: rostros, silencio y dignidad

Para René Araujo, cubrir el levantamiento del EZLN no solo significó documentar un conflicto armado, sino asumir la fotografía como testimonio histórico.

Desde 1994, su cámara estuvo presente en comunidades como Ocosingo y en distintos puntos de la Selva Lacandona, registrando no solo los enfrentamientos, sino también los rostros, el silencio y la dignidad de los pueblos indígenas en resistencia.

“Me tocó ver cosas muy álgidas, pero también momentos profundamente humanos”, recuerda.

En aquellos años, viajar implicaba trasladarse en camiones improvisados o en lancha, internarse en caminos de difícil acceso y trabajar bajo condiciones de tensión permanente.

Aun así, insiste en que el compromiso era claro: “Nuestra tarea era mostrar lo que estaba pasando, desde la primera línea”.

Araujo documentó la transición del zapatismo, desde los Aguascalientes hasta la creación de los Caracoles, entendiendo que cada imagen debía aportar contexto y memoria.

“La fotografía es la primera puerta a la información”, afirma.

Para él, no se trataba solo de captar la escena del conflicto, sino de encuadrar la historia con responsabilidad. “Aprendimos a ver en la oscuridad”, señala.

En medio del levantamiento, su lente buscó no solo la confrontación, sino las sombras sociales que dieron origen al movimiento. Hoy, reconoce que esas imágenes forman parte de un archivo que ayuda a comprender una de las etapas más decisivas de Chiapas.

Mario Castillo: la fotografía despertó miradas

Por su parte, Mario Castillo encontró en la fotografía una forma de narrar la realidad tras iniciar en el periodismo deportivo.

“Yo era reportero de deportes, pero me gustó más la fotografía”, afirma. Su llegada a Cuarto Poder en 1995 marcó un punto clave en su carrera.

En un entorno técnico limitado, cada imagen exigía precisión. “Tenías 36 disparos y tenían que salir bien. La inmediatez no existía: enviar una fotografía podía tardar hasta una hora. Ese era mi internet”, resume.

A pesar de ello, la imagen se volvió central. “La gente primero buscaba la foto, luego leía el texto”.

Su trabajo permitió visibilizar realidades poco conocidas: “Se dio una apertura para que la gente se diera cuenta de cómo vivían las comunidades”.