Hasta que nos volvamos a encontrar

Hasta que nos volvamos a encontrar

Hasta que nos volvamos a encontrar, película dirigida por Bruno Ascenzo y producida por la plataforma de streaming Netflix, es un conjunto de clips turísticos disfrazados de película. Trata sobre la relación que surge entre el exitoso empresario español Salvador Campodónico (Maxi Iglesias) y Ariana (Stephanie Cayo), una joven carismática y alegre que vive en Cusco, en el preciso lugar donde Salvador busca construir un hotel de siete estrellas. Ellos, de miradas distintas sobre la vida, se enamorarán y viajarán por diferentes atractivos cusqueños y de otras ciudades del Perú.

El inicio de la historia es absurdo y delirante. Empieza mostrándonos la vida exitosa de Salvador, donde la pantalla se empaña de chats, correos y datos de su día a día. Después, emprende un viaje a Cusco. Luego, tras romper las llaves del lugar donde está alojado, abre otra puerta para ingresar y, de un momento a otro, vemos el primer plano de Anaí Padilla cantando una canción criolla, acompañada por las voces de Renata Flores y Stephanie Cayo. En ese marco se dará el primer flechazo entre la pareja protagonista.

Estas situaciones se repiten a lo largo de la película. Hasta que nos volvamos a encontrar no tiene mucho que decir, pero sí qué mostrar: la cámara contempla los atractivos naturales, con encuadres preciosistas y filtros que impactan. Salvador y Ariana, personajes desganados, son parte de ese cuadro. La atmósfera luce artificial, impostada, como si fueran sacadas de algún catálogo publicitario. Y el guión es esquemático, previsible y sin ninguna línea narrativa estructurada, con un obvio mensaje final liberador.

Un espacio publicitario de Perú

Pero hay algo que ni Stephanie Cayo ni Maxi Iglesias, ni la atracción que se procesarán durante el rodaje, pueden solucionar: un guión y una dirección desastrosas. Bruno Ascenzo dirige y escribe la película Hasta que nos volvamos a encontrar de Netflix a modo de espacio publicitario de Perú. Más que querer hacernos partícipes de la historia de amor, parece querer vendernos un viaje turístico para nuestras próximas vacaciones. Cada rincón de la película grita “¡visita Perú!”, algo que no sería negativo si la trama que se nos muestra en pantalla llegara a conectar con el espectador en algún momento despertando algún tipo de emoción. De este modo tan solo veremos hermosos paisajes que nos invitan a pasear por los rincones del Perú, eso sí, sin ninguno de sus protagonistas.

Un conflicto que parece no alterar el desarrollo de la historia

La trama resulta bastante sencilla, siguiendo todos los clichés que le son propios a este tipo de comedias románticas. Resumiendo: chica y chico se conocen siendo el flechazo instantáneo, pero algún problema surgirá para que su amor no se pueda desarrollar. El problema no radica en esta premisa, que puede resultar más o menos repetitiva o/y atractiva; el error lo encontramos en la falta de solidez de los diálogos de sus personajes y en lo mal llevado que está el conflicto principal de la cinta, la construcción de ese hotel, que parece no tener ningún peso en el desarrollo de dicha trama.

La película Hasta que nos volvamos a encontrar es una propuesta completamente insulsa que no despierta ningún tipo de sentimiento en el espectador, ni siquiera empatía con las situaciones que viven sus protagonista. Con una fotografía muy superior a su guión, creeremos encontrarnos ante la versión larga de un comercial publicitario que nos invita a conocer Perú.