Los recuerdos del porvenir es la historia coral del pueblo de Ixtepec, en alguna llanura de México. Allí, los habitantes hace años que viven encerrados en un tiempo inmóvil. El lugar vivió tiempos mejores, pero con la presencia de los militares y del general Francisco Rosas, sus calles andan estancadas entre el tedio y la sangre.
En una de las calles principales del pueblo residen los Moncada. Isabel, Nicolás y Juan son tres hermanos que saben que se hallan destinados a participar en el sombrío destino del pueblo. Pero Rosas no ve más allá de los translúcidos ojos de su querida, Julia, a la mantiene encerrada en el Hotel Jardín y por la que languidece de amor.
Obra fundacional
Escrita antes que Cien años de soledad, Los recuerdos del porvenir es sin duda un precedente del célebre “realismo mágico” que lanzó a las letras hispanoamericanas a los primeros puestos de las listas de ventas, reconciliando, además, el éxito de público con la crítica.
Sin embargo, al menos en Europa, Garro ha permanecido en un absoluto anonimato. Estigmatizada por el desprecio de sus contemporáneos por haber acusado en 1968 a los intelectuales mexicanos de la responsabilidad de la masacre de estudiantes de Tlatelolco, Garro fue repudiada brutalmente y relegada a la marginalidad y el olvido. A menudo se la menciona simplemente como exesposa de Octavio Paz o amante de Bioy Casares.
Nadie parece recordar, sin embargo, que fue una exitosa dramaturga, una reconocida cuentista y, ante todo, que publicó una de las mejores novelas de la narrativa mexicana.
Los recuerdos del porvenir recoge la memoria de un Ixtepec, un pueblo que hubiera preferido olvidarse. La voz de Ixtepec, el principal protagonista, observa desde lo alto a los personajes cuyo destino anticipa sin poder remediarlo. Isabel, Juan y Nicolás son los hijos de los Moncada, una familia bien situada que jugará un importante papel en el trágico desenlace de la lucha del pueblo contra los militares. Pero también los militares, y en especial el disciplinado general Francisco Rosas, enamorado de Julia, protagonizan esta triste historia. Asimismo, los indios, las prostitutas del pueblo, doña Matilde, la anciana Dorotea y las amantes de los militares participan en el destino de Ixtepec.
Desde que llegaron los militares, el pueblo entero duerme su silencio de miedo en una opresiva calma. Sin embargo, la aparición de un “fuereño”, Felipe Hurtado, trastoca esta estática pesadumbre. Hurtado parece conocer a la misteriosa amante de Rosas. Julia es una mujer fantasma, pálida y vaporosa, cuya falta de ilusión entristece a su desgraciado amante.
Francisco Rosas domina el pueblo, siembra sus calles de cadáveres a su antojo, pero siente que Ixtepec se complace en secreto de su desgracia. Pues en el pueblo todos saben que el general muere de amor por Julia mientras que ella acepta su destino con la resignación de los que no tienen nada que perder. Por eso, la súbita aparición de Hurtado en el pueblo rompe la monotonía del tiempo, desencadena la fatalidad y reduce su historia a piedras. Para siempre, en lo alto de una montaña, una piedra aparente encierra la memoria de Ixtepec.












