Mantén tus pies libres de hongos

Mantén tus pies libres de hongos

El pie de atleta, dolencia también conocida como tiña podal o intertrigo interdigital, es una infección que se produce en los espacios entre los dedos del pie, provocada por una especie de hongos parasitarios muy contagiosos, llamados dermatofitos. Puede durar poco o mucho tiempo e, incluso, reaparecer tras el tratamiento.

Más frecuente a partir de la adolescencia, así como en el verano y en la primavera, esta micosis produce habitualmente una inflamación entre el cuarto y el quinto dedo del pie, que en ocasiones se puede expandir hacia los demás dedos, las uñas, los talones u otras partes del cuerpo como las palmas y los dedos de las manos.

¿Quién padece pie de atleta?

A pesar de lo que su nombre pueda sugerir, no se trata de un problema que afecte exclusivamente a deportistas —aunque estos sí la padecen con frecuencia—. De hecho, la tiña podal es la infección cutánea por hongos superficial más frecuente: entre el 15 % y el 25 % de la población la sufrirá en algún momento de su vida, aunque sea de manera subclínica y se encuentra entre las diez dermatosis más habituales en la consulta del dermatólogo.

De distribución mundial, es ligeramente más frecuente entre los hombres jóvenes, aunque puede manifestarse a cualquier edad y en ambos sexos. De acuerdo al Estudio epidemiológico sobre las dermatofitosis en España, realizado en 2011, la edad media de los pacientes infectados fue de 38.7 años, y el 55.6 % de ellos eran varones.

En niños también pueden aparecer este tipo de hongos, pudiendo llegar a padecerlos el 6 % de la población pediátrica. De hecho, es la tercera enfermedad dérmica más frecuente en niños menores de 12 años. En general, está infradiagnosticada porque muchas personas no saben que transportan una tiña contagiosa.

¿Cuáles son sus causas?

La micosis o infección por hongos en los pies está provocada en la mayoría de los casos —el 98 %— por un hongo llamado dermatofito, que coloniza la piel y se multiplica cuando el pie está expuesto a ambientes cálidos y húmedos como los de piscinas, vestuarios, saunas o gimnasios.

Los dermatofitos son un grupo de hongos multicelulares que se desarrollan solamente en los tejidos queratinizados; es decir, aquellos formados por células muertas que contienen queratina, ya que en los tejidos vivos son destruidos por el sistema inmunológico. Existen más de 100 mil especies de dermatofitos, aunque tan solo unas 150 pueden provocar patologías en las personas.

¿Qué factores de riesgo pueden desencadenar los hongos?

Los hongos que provocan la micosis en los pies crecen en ambientes cálidos y húmedos, por lo que los principales factores desencadenantes de la tiña podal son los siguientes:

La oclusión del pie: Uso frecuente de calzado deportivo, calcetines de nailon que no permiten la transpiración, uso de calzado inadecuado…

La práctica de actividades deportivas que impliquen oclusión o humedad prolongada en el pie, como el esquí, la natación o el running.

La sudoración excesiva (hiperhidrosis).

Una mala higiene del pie.

El hábito de andar descalzo en lugares públicos.

Los ambientes calurosos y húmedos como vestuarios, duchas colectivas, saunas, piscinas.

Sufrir alteraciones metabólicas como la diabetes, inmunodeficiencias o problemas circulatorios.

El uso crónico de antibióticos y/o corticoides.

Trabajar en lugares húmedos (mineros, trabajos industriales, forestales, etcétera).

En verano es cuando más se produce esta infección

Es la época en que más nos acercamos a lugares de riesgo, como piscinas o duchas públicas. A todo esto se une el calor y la sudoración que se producen en el periodo estival. El contagio se produce casi siempre de lugares en que coinciden varias personas y llevan los pies descalzos como suelos de piscinas, duchas, cuarteles, colegios, saunas, hoteles, gimnasios, alfombras, moquetas. El uso de ropas comunes, como toallas, calcetines, calzado, también contribuye.

¿Cuáles son los síntomas?

El pie de atleta o tiña podal puede provocar desde pequeñas molestias hasta síntomas realmente incómodos, aunque no todos aparecen al mismo tiempo. Es más, al principio no hay signos clínicos, sino que se van instalando paulatinamente. Entre los síntomas más habituales e encuentran:

Enrojecimiento o sarpullido en la zona interna del pie.

Picazón, sensación de ardor o escozor.

Ampollitas que supuran entre los dedos.

Abultamientos en los pies.

Grietas o descamación entre los dedos o en los lados del pie.

Enrojecimiento o callosidades en los talones de los pies.

Piel entre los dedos que puede lucir “blancuzca” y tiene un olor desagradable. Este olor se produce casi siempre por la fermentación y putrefacción en las que intervienen bacterias.

Piel en carne viva (tras rascado).

Las uñas pueden debilitarse y decolorarse.

¿Cómo se diagnostica y trata el pie de atleta?

El diagnóstico clínico de esta dolencia se confirma con diferentes pruebas, como el examen microscópico y cultivo de la piel, previa toma de muestra por raspado. También puede llegar a hacerse un examen clínico mediante la luz de Wood —un tipo de luz ultravioleta— o un antibiograma —una prueba microbiológica—.

A continuación, el tratamiento puede incluir diversas medidas:

Extremar la higiene de los pies. El paciente debe lavarse bien los pies con jabón y agua al menos dos veces al día y después secarlos bien, especialmente entre los dedos. Además, debe usar calcetines limpios de algodón, que ha de cambiarse con la mayor frecuencia posible. También debe cambiar de calzado al menos dos veces a día y aplicarse diariamente, por las mañanas, antifúngicos en polvo.

Tratamiento farmacológico. Implica diversas soluciones o incluso antibióticos para casos extensos, muy sintomáticos, recidivas o en pacientes que pertenezcan a los grupos de riesgo. El farmacéutico puede asesorar al respecto.

Tratamiento de otras micosis asociadas.

Consejos de prevención

Una higiene de los pies adecuada es primordial para prevenir la aparición de hongos o eliminarlos. Si el pie de atleta no mejora en dos o cuatro semanas o reaparece con frecuencia, se debe acudir nuevamente al médico. En concreto, resulta conveniente tomar las siguientes precauciones en nuestro día a día:

Mantén tus pies limpios.

Sécalos con mucho cuidado.

Opta por un calzado que transpire.

Cambia a menudo de zapatos.

Viste calcetines de algodón.

No camines descalzo por zonas comunes.

No compartas toallas ni calzado.

Mantén limpio el baño de tu casa.

Extrema las precauciones, si perteneces a un grupo de riesgo.

Consulta a tu médico o farmacéutico ante los primeros síntomas.