El director de la Fundación Elena Poniatowska Amor, Felipe Haro Poniatowski, insistió en la urgencia de mantener en el país el invaluable acervo de la escritora y periodista mexicana, luego de que hace unos días la presidenta Claudia Sheinbaum expresó su interés por preservarlo.
“Llevarse el archivo es llevarse la memoria. Si perdemos la memoria, nos perdemos a nosotros mismos”, subrayó el gestor cultural e hijo de la autora ante el riesgo de que termine en el extranjero, como ocurrió con los archivos de Carlos Fuentes, José Vasconcelos y Margo Glantz, entre otros intelectuales.
En conferencia en el Museo del Estanquillo, donde presentará una exposición dedicada a Poniatowska, Haro reveló que ya existen conversaciones con Claudia Curiel de Icaza, titular de la Secretaría de Cultura (SC), para conseguir un recinto propio que albergue no solo el “inconmensurable legado” de la autora, sino también otros acervos de escritores mexicanos en poder de la fundación, como el de Rosa Nissán.
Conservación
El propósito es conseguir un espacio digno donde resguardar, investigar y difundir un acervo que él considera patrimonio de todos los mexicanos. Incluso, reveló que ya tienen un inmueble en la mira: una ex escuela a tres cuadras de la actual sede de la fundación, en la misma colonia Escandón. “Creo que esta vez sí se va a poder; tengo fe en ello”, afirmó Haro, quien explicó que la familia ha rechazado ofertas para vender el archivo porque “el deseo de Elena es que permanezca en México”. El problema, señaló, es la falta de un espacio adecuado.
La actual sede de la fundación, donada en el sexenio de Enrique Peña Nieto, es de tamaño reducido y no permite montar exposiciones, abrir una librería o una cafetería, ni ofrecer talleres, aclaró. Por eso han entregado propuestas al gobierno federal para obtener un sitio más amplio.
Respecto de la figura legal bajo la cual operaría ese nuevo recinto, el director de la Fundación Poniatowska remarcó que, de concretarse el apoyo gubernamental, el archivo no pasaría a manos del Estado.
Se trataría de “un comodato vitalicio” en favor de la fundación, lo que significa que el acervo seguiría siendo propiedad de la familia Poniatowska y el gobierno sólo prestaría el inmueble, explicó. “El archivo es de la familia y será un comodato vitalicio en la fundación. No se puede dividir”.












