Los Museos Vaticanos están llevando a cabo la restauración del recubrimiento dorado del Hércules Mastai, una colosal escultura que mide 3.83 metros de alto. Se encontró en 1864 bajo el patio del palacio Pio Righetti, situado en la plaza Campo de’ Fiori en Roma, justo sobre el lugar donde antiguamente estaba el teatro de Pompeyo.
Primero apareció un enorme dedo, después una mano. A una profundidad de casi 9 metros y enterrada a 3.3 metros de profundidad con respecto al nivel de época romana, apareció todo el resto de la escultura.
Descubrimiento
En el momento del hallazgo la estatua estaba tumbada horizontalmente. Había sido depositada con cuidado en el interior de una fosa y cubierta con losas de mármol de travertino. Sobre las losas, los obreros que hicieron el descubrimiento pudieron leer las iniciales FCS.
Las letras correspondían a la frase “Fulgur Conditum Summanium”, y que puede traducirse como “Aquí está enterrado un rayo de Sumano” (Sumano era el dios de las tormentas nocturnas, el que provocaba los rayos nocturnos, mientras que Júpiter provocaba los diurnos). La estatua había sido alcanzada por un rayo, y como era costumbre en la antigua Roma había recibido sepultura ritual.
Los romanos enterraban todo aquello que hubiera sido alcanzado por un rayo siguiendo un ritual denominado precisamente “Fulgur Conditum”, que era seguido por todas las antiguas tribus latinas y los etruscos. Sobre el lugar se levantaba una especie de altar, llamado bidental (nombre que hacía referencia al cordero que los arúspices sacrificaban en el momento) y se convertía en un sitio sagrado que no se podía ni pisar inadvertidamente. Los lugares y las cosas alcanzadas por rayos eran considerados un ejemplo aterrador de la ira divina.
Gracias a eso se pudo conservar la gran escultura de Hércules, una copia romana de un original helenístico del siglo IV a. C., que representa al héroe joven apoyado en su garrote y con las manzanas de las Hespérides en la mano izquierda. En el antebrazo lleva la piel del león de Nemea, principal elemento que descubrió de qué personaje se trataba.
Exposición
El 24 de septiembre de 1864, la escultura fue liberada del suelo e izada mediante poleas y un andamio de madera, y colocada en una sala especial del palacio. Allí la vio el papa Pío IX, que la adquirió inmediatamente por 50 mil escudos y otros regalos.
El 31 de enero de 1865 es trasladada al Vaticano, donde Pietro Tenerari comienza su restauración, completando las partes que faltaban con añadidos fabricados principalmente en yeso.
Una vez completada la restauración, la estatua fue colocada en la rotonda de los actuales Museos Vaticanos, donde permanece hoy en día, y se le dio el nombre de Hércules Mastai (apellido del papa Pío IX) Righetti (el nombre del banquero en cuyo palacio se encontró).
Curiosidades del hallazgo
“Se dice que a veces ser alcanzado por un rayo genera amor, pero también eternidad”, explica el arqueólogo de los Museos Vaticanos Giandomenico Spinola. El Hércules Mastai Righetti “consiguió su eternidad... porque al haber sido alcanzado por un rayo, se consideró un objeto sagrado, lo que lo preservó hasta hace unos 150 años”.
El enterramiento protegió el dorado, pero también hizo que se acumulara suciedad en la estatua, cuya eliminación, según la restauradora Alice Baltera, es muy delicada y laboriosa. “La única manera es trabajar con precisión, con lupas especiales, retirando una a una todas las pequeñas incrustaciones”, refiere.
Los trabajos para retirar la cera y otros materiales que se aplicaron durante la restauración del siglo XIX han concluido. Más adelante, planean hacer nuevos moldes de resina para reemplazar los parches de yeso que cubrían las piezas que faltaban incluso en parte de la nuca y el pubis. “El dorado original está excepcionalmente bien conservado, sobre todo por su consistencia y homogeneidad”, detalla.
Es curioso también que la conservación sea gracias a que recibiera un rayo el hijo de Zeus, el dios del rayo.












