Acnerito, muchacho adolescente, veía en la tele con su amigo un canal porno. Le comentó, preocupado, al compañero: “Mi mamá me dijo que si veo estas cosas me convertiré en estatua de piedra. Ha de ser cierto: ya estoy empezando a endurecerme”. El señor preguntó en la librería: “¿Tienen el libro ‘El matrimonio perfecto’?”. “Sí -contestó el encargado-.. Búsquelo en el estante de literatura de ficción”. Don Maturino llegó a su casa en horas de la madrugada. Su esposa le informó: “Anoche un hombre entró a la recámara. En la oscuridad se metió en la cama y me hizo el amor. Al principio sospeché que no eras tú. Cuando repitió supe con seguridad que no eras tú”. Después de ver la cuenta que le presentaron en el Restaurante Joddo el cliente llamó al dueño del establecimiento y le dijo: “¿No le harás un descuento a un colega?”. Preguntó a su vez el otro: “¿Eres restaurantero?”. “No -replicó el tipo-. Soy ladrón”. A la mañana siguiente de la noche de bodas el recién casado se sorprendió al ver que su desposada había ido a la cocina del hotel y regresó a la suite nupcial trayendo una canasta llena de zanahorias. La chica le explicó esa peregrina acción: “Quiero ver si también comes como conejo”. Don Chinguetas es un marido que no se resigna a serlo. Pese a estar unido a su mujer tanto por los lazos civiles como por los eclesiásticos insiste en seguir llevando vida de soltero. La otra noche se corrió una parranda etílica y erótica, y volvió al domicilio conyugal cuando el sol asomaba ya sus reales pompas por los claros balcones del oriente. El disipado esposo venía oliendo a chínguere barato y a jabón chiquito, además de traer el cuello de la camisa decorado con visibles manchas de lápiz labial. Su señora lo recibió hecha un basilisco. Le dijo furiosa: “¿Cómo puedes mirarme a la cara?”. “Mujer -respondió don Chinguetas con un suspiro de resignación-. A todo se acostumbra uno”. El buen Dios y San Pedro estaban jugando una partidita de póquer en el Cielo. De algún modo tienen que entretener la eternidad. Al apóstol de las llaves le tocó una mano con cuatro ases. Se puso feliz, pues habían apostado 100 denarios. Ya iba a recoger el dinero cuando Diosito le mostró sus cartas: quintilla de ases. “Señor -masculló San Pedro, rencoroso-. Como milagro es muy bueno, pero como póquer es una chingadera”. Camalina estrenó coche del año. Explicó: “Es que me saqué la lotería”. Poco después lució un anillo de brillantes. “Es que otra vez me saqué la lotería”. En eso se cayó de sentón. Le dijo una amiga: “Ojalá no te hayas lastimado el billete de lotería”. David Sohn, misionero, fue a llevarles la buena nueva a los paganos de Pago Pago. La buena nueva consistió en decirles que todo lo que hacían -bailar, cantar, comer bien, follar alegremente- era pecado; les esperaban las llamas del infierno. Tras de infligirles un sermón de una hora y media que los nativos oyeron con curiosidad porque pensaron que el predicador estaba loco, procedió a bautizarlos, y luego unió a las parejas con el vínculo del matrimonio religioso, pues les hizo saber que todos vivían en amasiato, ya que no estaban casados por la Iglesia. Al final del prolongado rito -duró hasta bien entrada la noche-, y tras de que la esposa del pastor cantó, acompañándose ella misma en un armonio, los himnos “Rock of ages”, “Amazing grace” y “Oh, what friend we have in Jesus” -también pensaron los aborígenes que la mujer estaba loca-, el reverendo le preguntó a uno de los isleños qué le había parecido el oficio divino. Declaró el hombre: “Lo que más me gustó fue lo del matrimonio. Todos agarramos vieja nueva”. FIN.
Mirador
Por Armando Fuentes Aguirre
Historias de la creación del mundo.
El rano le dijo a la rana:
-¡Qué hermosa eres!
El hipopótamo le dijo a la hipopótama:
-¡Qué esbelta eres!
El zorrillo le dijo a la zorrilla:
-¡Qué bien hueles!
La hiena macho le dijo a la hembra:
-¡Qué agradable risa tienes!
El Espíritu le comentó al Padre.
-Es el amor.
-Sí -respondió él-. Pero a final de cuentas es la vida.
¡Hasta mañana!
Manganitas
Por AFA
“Fracasan las negociaciones de la CNTE con el gobierno”.
De ambos lados fanatismos
y actitud intransigente.
Es raro, dice la gente,
pues los dos son de los mismos.








