“El vino hay que saber mearlo”. He ahí uno de los muchos decires campesinos que en labios de don Abundio el del Potrero suenan a verdad impepinable. Eso de “impepinable” significa cierto, seguro, que no admite discusión. Empédocles Etílez y Astatrasio Garrajarra no sabían mear el vino. En vez de que ellos se lo tomaran, el vino se los tomaba a ellos. En la mesa de una de los infectos socuchos donde acostumbraban beber le dijo Empédocles a Garrajarra: “Ya has bebido mucho. Veo todo doble”. Replicó el otro: “Pos cierra un ojo, pendejo”. Una enfermera le preguntó a otra: “¿Por qué traes el termómetro en la oreja?”. “¡Santo Cielo! -exclamó consternada la otra-. ¿En cuál de mis pacientes dejaría mi pluma?”. (¿Y dónde? Era termómetro rectal). La linda Dulcibel traía un novio de provecta edad. Le dijo su mamá: “Por sus años ese hombre podría ser tu padre”. “Sí -admitió ella-. Pero por su dinero podría ser mi marido”. (“No te cases con viejo por la moneda. La moneda se acaba y el viejo queda”). Pelino, sujeto dado a los disfrutes de Ceres, Baco y Afrodita, o sea los placeres de la mesa, la uva y el lecho, vio al fin el camino de la salvación, y decidió regresar a su primitiva fe. Acudió a un templo y le dijo al sacerdote: “Estoy arrepentido de mis culpas. Quiero volver a la asamblea de los fieles”. Le preguntó, severo, el párroco: “¿Renuncias al mundo, al demonio y a la carne?”. Acotó Pelino: “Renunciaré a dos de esas tres cosas, padre. Tampoco quiero incurrir en fanatismos”. (Muchos van a la iglesia los domingos a arrepentirse de lo que hicieron el sábado y seguirán haciendo el lunes). Envío un sincero aplauso, tributado con ambas manos para mayor efecto, a la Presidenta Claudia Sheinbaum. La forma en que recibió y atendió al Rey Felipe Sexto, de España, no solo se apegó a las más estrictas formas diplomáticas: sirvió también para acabar con el distanciamiento entre los dos países provocado por la imprudente conducta de López Obrador y de su dominante primer círculo. El hecho de que la presidenta recibiera a su majestad en la puerta de honor del Palacio Nacional, y que ahí mismo se despidiera de él, mostró a una mandataria con altura de jefa de Estado, que en aras del interés de México acabó con la absurda “pausa” decretada por su antecesor, y restableció en todos los órdenes -cultural, político, económico- la buena relación entre dos países unidos por vínculos imposibles de romper. Atrás quedan definitivamente las ridículas y anacrónicas demandas hechas por AMLO en acatamiento a quien lo hizo caer en esa necedad. Se abre ahora una nueva etapa que seguramente será de beneficio tanto para España como para nuestro país. Vaya de nueva cuenta mi reconocimiento a la Presidenta Sheinbaum. Su actuación esta vez no fue de segundo piso, sino de primera calidad. Enhorabuena. Gran sorpresa se llevó la desposada cuando en la noche de bodas su flamante marido se presentó ante ella sin llevar encima otra cosa que el anillo matrimonial y unas cuantas gotas de loción Old Spice. El asombro de la recién casada no se debió a esa desnudez, cosa por lo demás protocolaria, sino al hecho de que el galán llevaba tatuado en su atributo masculino el nombre de su dulcinea: Pipiriola de la Reverberación. (En circunstancias normales se leía solamente “Pión”). Intrigada, la novia le preguntó al interfecto: “¿Por qué te tatuaste mi nombre en esa parte?”. Explicó el interrogado: “Acuérdate, Pipiriola: como condición para casarte conmigo me pediste que pusiera a tu nombre mi mejor propiedad”. FIN.
Mirador
Por Armando Fuentes Aguirre.
Variaciones Opus 33 sobre el tema de don Juan
¿Qué hace un don Juan cuando se vuelve viejo?
Recordar.
Eso lo rejuvenece.
Don Juan no quiere rejuvenecer. Nunca ha sido tan feliz como ahora que los años le han dado sosiego de alma y cuerpo. Los pecados de la carne han muerto en él, y con los del espíritu ya no hace daño a nadie, porque a nadie ve. Está dichosamente solo.
Así, Don Juan recuerda.
Todos sus recuerdos tienen nombres femeninos. Evoca con gratitud a las mujeres a las que poseyó -o que lo poseyeron-, y sin tristeza trae a la memoria a las que nunca fueron suyas.
El caudal del hidalgo es reducido. De su padre no recibió herencia por causa de su vida disipada. (La de él; no la de su padre). El palacio en que vive lo ganó en un juego de naipes, y en otro perdió lo demás que poseía. El obispo le pidió que a su muerte deje su palacio a un convento de monjes.
Le indicó Don Juan:
-Lo dejaré a uno de monjas.
¡Hasta mañana!...
Manganitas
Por AFA.
“. Euforia por la Copa del Mundo.”.
Entusiasma, que ni duda,
la citada competencia.
Mas lo dice la experiencia:
tras de la copa, la cruda.








