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Hoy Escriben - Felipe Arizmendi Esquivel

El papa orienta sobre el celular

Hechos

A los niños pequeñitos, para que no molesten a los papás, les dan un celular para que se entretengan, y los papás puedan hacer otras cosas sin estar solo dedicados a sus hijos, o platicar libremente con las amistades, o revisar el propio celular para estar al tanto no solo de mensajes personales o familiares, sino para estar informados de cuanto se difunde en las diferentes aplicaciones o redes sociales.

Si esto sucede con los más pequeños, ¡qué decir de los demás niños, adolescentes y jóvenes! Ya no desarrollan la concentración, el silencio, la memoria, porque todo lo confían a su celular.

Lo mismo nos pasa a los mayores, incluidos clérigos y religiosas. A veces estamos en reunión pastoral o en asamblea, se están tratando puntos de importancia, hay que votar, y se emite el voto sin mayor concentración.

Yo uso en forma moderada la computadora y el celular, pero tengo horas en que no consulto nada de esto; no ando cargando por todas partes mi celular.

Hace años, un obispo amigo me felicitó porque procedía de esa manera, porque él traía tres celulares y se quejaba de que le quitaba mucho tiempo estar al pendiente de los tres, muchas veces en asuntos sin mayor importancia.

Iluminación

El papa León, en un diálogo que tuvo, el 21 de junio pasado, con niños y jóvenes que pasaban unos días en un campamento en los jardines del Vaticano, les dijo:

“¿Cómo desconectarnos un poco de la pantalla? Algo importante: la tecnología puede ser muy buena y nos sirve para muchas cosas, pero cuando estamos juntos no es necesario tener en la mano en todo momento el celular, el teléfono o la tableta.

Y, de hecho, nos sentimos felices cuando, de vez en cuando, no estamos pegados a la tableta o al celular. Así que esta sería una primera cosa.

Es muy importante formar amistades, reunirnos, jugar juntos, tal vez incluso estudiar juntos como personas, no como computadoras o máquinas, como tecno-robots. Somos seres humanos, personas, y el contacto con los demás es muy importante. Así que esta sería una primera cosa.

También en la familia: cuando la familia se reúne, no basta con que todos estemos ahí, cada uno mirando su celular. Es muy importante aprender a dialogar, a conversar, a llevarnos bien con los demás, a jugar juntos y también a orar juntos, porque, aunque podamos tener la Biblia y algunas oraciones en el celular, Dios no quiere mirar el celular: Dios quiere mirar nuestros corazones, nuestra vida. Y entonces ser libres de estas cosas que en sí mismas pueden ser divertidas, una ayuda, algo bonito, pero es mucho más importante desarrollar nuestro ser humano a través de la amistad, la conversación y también con todas las cosas que están haciendo durante estos meses, aquí. Así que creo que esto es algo muy importante.

La otra es —esto para los que son un poco más grandes— tener cuidado con el mecanismo: una especie de adicción que, a propósito, incorporan en los programas las aplicaciones que hay en el celular. Intentan hacernos dependientes de esta tecnología.

Por eso, muchas veces ayudaría mucho poner límites, decir: «Después de cierta hora ya no miro el celular» «En ciertos momentos prefiero conversar con la familia, estar juntos» Así que creo que estas cosas nos ayudarán a desconectarnos un poco.

No estamos todos conectados a un cable, ¿verdad? Somos seres humanos. Vivir y desarrollar esta dimensión humana. Y también la parte espiritual de nuestra vida: buscar a Dios en la oración, buscar a Dios juntos, en familia, vivir un poco más libres de esta dependencia de la tecnología.

Es importante no depender demasiado de la tecnología. Es mucho mejor que aprendamos por nosotros mismos a pensar, a tener la capacidad crítica para saber hacia dónde vamos en la vida. ¡Estudiar bien, usar la capacidad que Dios nos ha dado! ¡No necesito el celular si mi cerebro funciona! Sí, me puede ayudar, me puede dar información, pero también es importante prepararse bien.

Dios nos ha dado una capacidad maravillosa con nuestra mente, con nuestro cerebro. Así que, en general, diría que esto es algo que nos sirve a todos”.

En un video del 21 de junio pasado, enviado a jóvenes que pasaban unos días de verano en una universidad norteamericana, les dijo algo sobre cómo vivir la alegría:

“La alegría de la que hablaba san Francisco, no puede encontrarse a través de dispositivos electrónicos, pasando horas delante de una pantalla o haciendo scroll sin fin cada día en las redes sociales.

Estas actividades a menudo hacen malgastar tiempo precioso que podría emplearse en momentos de oración silenciosa, en cultivar amistades auténticas, en pasar tiempo de calidad con la familia, en aprender más sobre la fe, en estudiar o practicar deporte.

La alegría nunca debe buscarse a través del consumo de drogas, el abuso de alcohol, la promiscuidad, las relaciones superficiales, la obsesión por nuestra imagen o cualquier otro tipo de comportamiento dañino”.

Acciones

Aprendamos a usar estos medios, pero sin ser sus esclavos. Son muy útiles, nadie lo puede negar; pero hay que dedicarles tiempos determinados, a no ser en casos emergentes.

Obispo emérito de SCLC