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Hoy Escriben - Felipe Arizmendi Esquivel

La vida en un seminario

Hechos

Algunos se imaginan que la vida en un seminario, donde viven los jóvenes que aspiran al sacerdocio, es muy aburrida, como si todo el tiempo se pasara uno rezando en la capilla.

También hay estudio académico de primer nivel, trabajo, deporte, pastoral los fines de semana y otras actividades. Se pasan los días y los años muy pronto, porque la vida es muy variada.

Cierto que la oración, “estar con el Señor”, es lo fundamental, como dice el papa a continuación. Ojalá más jóvenes sean llamados por Dios y le quieran entregar toda su vida, por puro amor a El y a su Pueblo.

Durante 20 años, fui parte del Equipo Formador del Seminario de Toluca, 10 años como director espiritual en el menor y diez como rector de todo el Seminario. Yo había sido antes vicario parroquial y párroco, y disfruté muchísimo esa pastoral parroquial.

Por ello, cuando mi obispo me pidió ir al seminario a colaborar en la formación sacerdotal de los seminaristas, me resistí, pero obedecí. Con el tiempo he comprendido que formar pastores para el pueblo de Dios, es la pastoral de las pastorales.

Como obispo en Tapachula, donde sólo había seminario menor, equivalente al bachillerato, pudimos abrir el Curso Introductorio y la Teología, hoy llamada Etapa de Configuración con Cristo. Antes iban al seminario de Tuxtla Gutiérrez.

Lo mismo pudimos hacer en San Cristóbal de Las Casas. Digo pudimos, porque es una pastoral de conjunto. Los alumnos iban a Ciudad Guzmán, a un ambiente muy distinto.

Ahora, los alumnos de las tres diócesis de la Provincia de Chiapas, Tuxtla, Tapachula y San Cristóbal cursan la Filosofía, o Etapa Discipular, en el seminario de Tuxtla Gutiérrez, para que aprendan a vivir en Provincia Eclesiástica. Obtienen la licenciatura en Filosofía con reconocimiento oficial.

Iluminación

El papa León XIV, en un discurso a seminaristas italianos, les dijo:

“El corazón de la experiencia del seminario está todo aquí: aprender a estar con el Maestro, el Señor Jesús. El Señor «llamó a los que él quiso». No hay un concurso, no hay una clasificación, ni está escrito que eligiera a los mejores: eligió a los que quiso.

En un mundo que tanto se afana en celebrar la autorrealización, es verdaderamente importante reafirmar que ninguno de ustedes y ninguno de nosotros está aquí porque se lo haya merecido, sino únicamente por una libre elección por parte de Dios Padre.

Toda vocación nace de un diálogo íntimo con Dios, cultivado en el silencio y la oración. Es ahí donde se decide todo, y para que ese diálogo ocurra es necesario aprender a estar con Él.

En el monte, Jesús no llama a un solo hombre, sino que llama a doce, de las personalidades más dispares y a veces improbables a nuestros ojos. El Señor los reúne, los mantiene unos junto a otros, para que aprendan que la Iglesia se vive juntos.

Como ningún pastor existe solo, tampoco un seminarista puede concebir un camino privado con el Señor: debe sentir y experimentar siempre la belleza de la mediación eclesial. El seminario, pues, antes que un lugar donde adquirir información, debería ser una escuela de los afectos.

Y a ustedes, queridos formadores, les pido que sean los primeros maestros de ese cuidado y de esa fraternidad que se manifiestan en relaciones auténticas, personales y comunitarias, hechas de verdad y de caridad. Formadores no se improvisan: el de ustedes es un ministerio delicadísimo para el que hay que prepararse con ciencia, paciencia y amor.

Jesús no lleva a los Doce a lo alto para ponerlos a salvo, sino para que, tras haber hecho experiencia de Dios, puedan ser enviados a comunicar al mundo esta novedad de vida.

Serán llamados, pues, a bajar del monte, para ser enviados a la gente de sus tierras: a esas familias que tiran hacia adelante con esfuerzo, a los jóvenes que a los veinte años hacen las maletas para buscar trabajo, a los ancianos solos, a los marginados, a quienes han perdido el sentido de la existencia.

El sacerdote es enviado a todos porque a todos anuncia la belleza de la fe en Jesucristo, la buena noticia de nuestra salvación.  Pidan a María la gracia de aprender a decir cada día su “sí” al Señor Jesús. Gracias por el “sí” que han pronunciado y que cada día vuelven a pronunciar.

Y un agradecimiento particular deseo dirigir a las familias aquí presentes. Una vocación nunca nace sin un contexto adecuado, y con frecuencia necesita un hogar, de padres que rezan y que saben dejar ir” (3-IX-2026).

Acciones

Pidamos al Señor que nos regale más vocaciones al sacerdocio, también a la vida religiosa, para que el Reino de Dios tenga más servidores y este mundo sea mejor.

*Obispo Emérito de SCLC