El jefe Aparicio
A pierna suelta
Lucha sin tregua
El Noveno Piso
1.- Formado por Baldemar Calderón Carrillo, tío Balde, un hombre de escasa cabellera entrando en los sesenta de edad, el cártel Chiapas-Guatemala nació en La Mesilla, una aldea situada en Huehuetenango, del vecino país. Su gente sufre para comprar tortillas, no para escuchar narcocorridos y en el alma lleva sin duda los vestigios de una absurda guerra civil que dejó 20 mil víctimas.
El esplendor de esta pandilla fue en 2021 porque pudo controlar casi la mayor parte de la frontera sur, una zona infestada de prostitución, extorsiones, cruce de migrantes y trasiego de drogas. Representaba un edén para el hampa.
Desde Colombia, por ahí pasaba cualquier cantidad de estupefacientes y cuyo destino final era Estados Unidos, todo con el visto bueno de tío Balde. No puedo precisar una cifra exacta de las ganancias, pero los cálculos es que fueron multimillonarias.
Una acción tejida con filigrana permitió al gobierno de Chiapas, en junio de 2025, dar un golpe letal a la organización hasta desmembrarla. Lo cierto es que la impunidad del pasado -¿o colusión? – fue un cuchillo en mantequilla para el crimen organizado.
De tío Balde sólo quedó el corrido “Los mandos de la frontera” que le compuso un embrionario cantante de Comitán. Y con él también se fueron cuatro mandos clave de una estructura jerárquica que, largo tiempo, sembró terror y muerte.
El jefe Aparicio, un policía de élite con estudios en Washington, amigo de Omar García Harfuch, condecorado debido a sus amplios logros en la materia, titular de la Secretaría de Seguridad del Pueblo, encabezó el miércoles 11 (febrero, 2026) un dispositivo de seguridad para desmantelar a una nueva red delincuencial que, al parecer, quiso revivir aquel cártel de tío Balde.
Detenidos
2.- Derivado de dos acciones interinstitucionales en la comunidad Ocuilapa, municipio de Ocozocoautla, se logró detener a siete sujetos que pretendían crear un feudo para el secuestro y narcomenudeo.
“Teníamos mucho miedo salir de casa e ir por el mandado; esos hombres se paseaban armados por el pueblo en motocicleta o en camionetas, hacían disparos al aire y siempre andaban borrachos. Vendían droga y amenazaban a las familias pacíficas”, ha revelado un testigo.
Los datos del jefe Aparicio señalan que, en una primera intervención, capturaron a Mefiboset “N, Josué “N” y David “N”, así como el aseguramiento de tres armas largas, cuatro vehículos, dos motocicletas, 26 cargadores, 810 cartuchos y tres chalecos balísticos.
Durante la segunda intervención fueron detenidos cuatro malhechores, entre ellos dos menores de edad, Carlos “N”, Cristian D. “N” alias “El Buqui”, Ricardo “N” alias “Tiburoncín” y Cristian “N”.
Asimismo, se aseguró un arma corta Llama especial, calibre 9 mm con nueve cartuchos útiles, un arma larga AK-47 calibre 7.62 x 39 mm con dos cargadores y 23 cartuchos útiles, una motocicleta y 23 bolsitas de la droga conocida como cristal. Los detenidos manifestaron pertenecer al “Cártel Chiapas-Guatemala”.
3.- Sin tregua
Veinticuatro horas después, el jueves 12, las policías de Chiapas, coordinadas con el Ejército Mexicano, dieron otro duro sopapo que ratifica lo dicho por el gobernador Ramírez: “Se acabó la fiesta, llegó la hora de aplicar la ley”.
En el mero puente Las Flores, de Jiquipilas, puente que simboliza una época y de profunda identidad cultural porque colapsó por la fuerza brutal del huracán Herminia, hubo un enfrentamiento cuando el personal operativo fue atacado a balazos mientras realizaba recorridos preventivos.
Un agresor terminó abatido y otro resultó herido y, gracias a Dios, ninguno de nuestros valientes policías resultó lastimado. De manera inmediata se activaron los protocolos de seguridad, control de la situación y resguardo del área.
Ambas instituciones reiteraron que ningún acto de violencia intimidará la labor del Estado. Se continuará trabajando de manera articulada y permanente para preservar el orden, la paz y la tranquilidad de los chiapanecos.
Es un mensaje contundente que, a nosotros, los ciudadanos, nos da certidumbre y podemos dormir tranquilos, a pierna suelta. Claro, a la serpiente se le mata por la cabeza…
Noveno Piso…
Sonaba Timbiriche y “Tú y yo somos uno mismo”. Había un impasse breve y entraba el grupo para tocar cumbia y muchos, todos, se trepaban a su amplia pista para mover el esqueleto y sacar los pasos prohibidos.
Ese salón elegante, forrado de bella alfombra roja, se llamó El Noveno Piso ubicado en el gran hotel Humberto que, en su momento, fue el edificio más alto de Tuxtla y marcó la década ochentera.
Tras casi diez años de permanecer cerrado, un consorcio español ha anunciado su adquisición y empezará con un amplio rediseño estructural para luego volver a abrir. Ampliaremos…








