En el marco de las estrategias preventivas de salud pública en 2026, una de las dudas más recurrentes entre la población es la posibilidad de recibir la vacuna contra el sarampión mientras se cursa un tratamiento con antibióticos.
De acuerdo con los lineamientos emitidos por la Secretaría de Salud, la administración de antibióticos no constituye una contraindicación para la aplicación de la vacuna.
Esta aclaración es fundamental para evitar el retraso en los esquemas de inmunización, especialmente en un contexto donde la cobertura global es prioritaria para prevenir brotes.
La preocupación ciudadana reside en la creencia de que los antibióticos pueden anular el efecto de la vacuna o generar reacciones adversas. Sin embargo, según la World Health Organization (WHO), los antibióticos están destinados exclusivamente a combatir infecciones bacterianas y no interfieren con la respuesta inmunitaria que genera una vacuna de virus vivos atenuados, como es el caso de la protección contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis (SRP). La interacción farmacológica es nula debido a que actúan en mecanismos biológicos distintos.
Por otro lado, especialistas de la Mayo Clinic señalan que el factor determinante para postergar una vacunación no es el medicamento en sí, sino el estado general de salud del paciente.
Si una persona presenta una enfermedad aguda con fiebre elevada (superior a los 38.5 grados centígrados) se recomienda esperar a la recuperación total para evitar confundir los síntomas de la enfermedad con posibles efectos secundarios de la dosis.
En casos de infecciones leves, como un resfriado común o una infección urinaria controlada, la inmunización procede sin inconvenientes.












