La Reserva Federal de Estados Unidos (FED por sus siglas en inglés) decidió mantener sin cambios las tasas de interés en su penúltima reunión bajo el liderazgo de Jerome Powell, en medio del impacto económico de la guerra con Irán y un escenario de creciente incertidumbre global.
El costo del dinero quedó fijado entre 3.5 y el 3.75 %, en una decisión adoptada por amplia mayoría (11 votos a favor y uno en contra), reflejando la cautela del organismo frente a un contexto marcado por tensiones geopolíticas y presión inflacionaria.
En el comunicado oficial, la FED advirtió que las consecuencias económicas del conflicto en Medio Oriente son “inciertas” y aseguró que se mantiene “atenta a los riesgos”, en un mensaje que evidencia la preocupación del banco central por la volatilidad internacional.
El conflicto con Irán provocó una fuerte subida del precio del petróleo, generando un shock inflacionario que comienza a trasladarse a la economía estadounidense.
Este escenario coloca a la FED ante un dilema complejo: el encarecimiento de la energía presiona al alza los precios, mientras que la incertidumbre global amenaza con desacelerar el crecimiento.
La combinación de ambos factores abre la puerta a un escenario de estanflación, uno de los más temidos por los mercados.
La decisión de no mover las tasas refleja la estrategia de espera del organismo, que busca evaluar el impacto real de la guerra antes de adoptar medidas más agresivas.
Sin embargo, el margen de maniobra es cada vez más estrecho: si la inflación se acelera, la FED podría verse obligada a endurecer su política; si la economía se enfría, el camino sería el opuesto.
En este contexto, el organismo mantiene su previsión de un recorte de tasas para este año y otro en 2027, según surge de las proyecciones internas de sus miembros.
La decisión llega en un momento de fuerte presión por parte del presidente Donald Trump, que reclama una baja de tasas para sostener la actividad en un año electoral clave.
No obstante, dentro de la FED crecen las diferencias sobre cómo actuar frente a un escenario cada vez más condicionado por factores externos, especialmente la guerra y el mercado energético.
El conflicto en Medio Oriente ya afecta al sistema económico internacional: el encarecimiento del crudo, las tensiones en el Estrecho de Hormuz y la volatilidad financiera generan temores de una desaceleración global.












